Los incendios forestales que afectaron a Quito a partir del 24 de septiembre de 2024 arrasaron con 140 hectáreas en diversos sectores del sur, valle y centro-norte de la ciudad.
Según datos del Ministerio del Ambiente, Agua y Transición Ecológica (MAATE), la mayoría de estos incendios tienen un origen antropogénico. De hecho, el DMQ reporta que los seres humanos son responsables del 95% de estos eventos, debido a prácticas como la quema de residuos agrícolas, la incineración de desechos domésticos y actos deliberados de destrucción (SADMQ, 2020). La región de la sierra es la más afectada, debido a las grandes extensiones de bosques de eucalipto, una especie introducida.
Diversos estudios meteorológicos han identificado que las fechas de mayor vulnerabilidad para los incendios forestales en la región andina de Ecuador se concentran entre julio y noviembre. El Distrito Metropolitano de Quito es la ciudad más susceptible, ya que el 54,48% de su superficie está cubierta por arbustos y bosques secos, el 25,80% por áreas cultivadas y el 11,41% por áreas urbanas (Informe de Calidad de Vida, “Quito Cómo Vamos,” 2022).
Las condiciones meteorológicas juegan un papel clave en la propensión a incendios forestales. Variables como la temperatura del aire, la humedad relativa, la velocidad del viento y la precipitación determinan la ignición, propagación e intensidad de estos eventos. Cuando las temperaturas son elevadas, la humedad relativa es baja y los niveles de precipitación son insuficientes, el suelo y la vegetación se secan, convirtiéndose en material altamente inflamable.
Si se añade un vector natural o antropogénico, junto con las pendientes pronunciadas características de la topografía de la zona, se crea un escenario favorable para la propagación rápida del fuego (Keetch y Byram, 1968; Haynes et al., 2012).
El cambio climático ha creado las condiciones propicias para incendios forestales cada vez más recurrentes y severos. Para entender su influencia, es esencial comprender qué se entiende por cambio climático. Según la CMNUCC (Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), en su Art. 1, lo define como “una alteración en la composición de la atmósfera, atribuida directa o indirectamente a actividades humanas, sumada a la variabilidad natural del clima.” Y aunque parezca una problemática distante, los incendios forestales es uno de los impactos más tangibles.
En los últimos años, la ciudad ha experimentado aumentos en su temperatura promedio de entre 1,2°C y 1,4°C, alterando los patrones climáticos. Esto ha prolongado las sequías y afectando directamente los ecosistemas, la disponibilidad de agua e incluso la salud humana (Alianza Clima y Desarrollo, 2023).
En áreas dominadas por eucaliptos esto crea el escenario ideal para que, mediante un vector, se detone una serie de incendios. Se estima que Quito ha sufrido pérdidas significativas, como la destrucción de 140 hectáreas de cobertura vegetal en el centro-norte de la ciudad, daños a la fauna local y un aumento en la contaminación atmosférica, especialmente en zonas críticas como Guápulo. A nivel social, más de 100 familias fueron evacuadas y alrededor de 40 personas resultaron heridas.
A pesar de las circunstancias actuales, la problemática que enfrenta Quito también representa una oportunidad para proponer soluciones que se adapten a los desafíos ambientales actuales.
Como consultora ambiental especializada en gestión ambiental, comprendemos los desafíos críticos que representan los incendios forestales para nuestros ecosistemas y comunidades. Por ello, proponemos algunas soluciones técnicas, geoespaciales y territoriales para promover una restauración ecológica eficiente y una gestión sostenible de la ciudad.
La restauración efectiva comienza con una evaluación detallada del terreno mediante el uso de drones equipados con cámaras multiespectrales y térmicas, ideales para:
Es clave apostar por un plan de reforestación con plantas nativas, lo que acelerará la recuperación del ecosistema y controlará la erosión del suelo. Estas especies están adaptadas al entorno local, lo que contribuye a la mejora de la biodiversidad. Además, la siembra asistida por drones permite la regeneración en áreas de difícil acceso, dispersando semillas de manera precisa y eficiente.
Después de un incendio, el manejo del suelo y los recursos hídricos es esencial. Los suelos, vulnerables a la erosión, requieren la implementación de técnicas como:
Debemos repensar la planificación territorial fomentando la reubicación de comunidades vulnerables hacia zonas más seguras, donde se puedan implementar medidas de protección. Es fundamental crear zonas de amortiguamiento alrededor de áreas residenciales y diseñar corredores biológicos que conecten áreas reforestadas, permitiendo la migración y recolonización de la fauna.
La vigilancia constante y la educación comunitaria son clave para prevenir nuevos incendios. El uso de drones permite realizar monitoreos regulares para detectar acumulación de biomasa inflamable y condiciones propensas a incendios. Además, trabajar junto a las comunidades en programas de educación ambiental fomenta la creación de cortafuegos naturales.
Hydroengineering cuenta con equipos tecnológicos especializados, como el GPS Emild RS3 y el drone Mavic 3 Enterprise RTK, ideales para implementar proyectos de restauración en zonas afectadas por incendios forestales, así como para crear planes de gestión de recursos hídricos y territoriales.
Con nuestra innovación tecnológica, amplia experiencia en soluciones geoespaciales, diseño y ejecución de programas de educación comunitaria, y un equipo multidisciplinario de profesionales, nos posicionamos como el aliado ideal para colaborar con comunidades, empresas y gobiernos en la mitigación de impactos y la construcción de un Ecuador resiliente y sostenible.
![]()
